sábado, marzo 18, 2006

JFK:Los norteamericanos no estamos dispuestos a presenciar la desintegración de los derechos humanos



Por: Isabel Gomez




John Fitzgerald Kennedy tuvo una visión particular de los Estados Unidos de América. Creyó que el país que presidió entre 1961 y el 22 de noviembre de 1963, cuando lo asesinaron en Dallas (Texas), formaba parte del mundo y que todas las naciones debían colaborar para crear un mundo mejor: Compatriotas -dijo en su discurso de toma de posesión- no preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros; preguntad qué podéis hacer vosotros por vuestro país.

Conciudadanos del mundo: no preguntéis qué pueden hacer por vosotros los Estados Unidos de América, sino qué podemos hacer juntos por la libertad del hombre. Ahora supongamos que alguien tuvo un sueño en el que no existió aquel 22 de noviembre y que hoy, desde su firme creencia en la humanidad, puede hablarnos sobre la política exterior que la Administración Bush está llevando a cabo en lugares como Irak o Irán.

Dada la inestabilidad interna en Irak, cuando se van a cumplir tres años de la invasión anglo-americana, ¿cómo justifica la presencia e ineficacia de las tropas estadounidenses en el país árabe?

Los norteamericanos no estamos dispuestos a presenciar o permitir la lenta desintegración de los derechos humanos a los que esta nación se ha consagrado siempre, y a los que estamos consagrados hoy, aquí y en todo el mundo. Que sepa toda nación, quiéranos bien o quiéranos mal, que por la supervivencia y el triunfo de la libertad hemos de pagar cualquier precio, sobrellevar cualquier carga, sufrir cualquier penalidad, acudir en apoyo de cualquier amigo y oponernos a cualquier enemigo.

Ud. fue un firme defensor de Naciones Unidas. ¿Qué opinión le merece el desprecio manifiesto del actual presidente, George W. Bush, hacia la organización internacional?

A los viejos aliados, cuyo origen cultural y espiritual compartimos, les brindamos la lealtad de los amigos fieles. Unidos, es poco lo que no podemos hacer en un cúmulo de empresas cooperativas; divididos, es poco lo que podemos lograr, pues reñidos y distanciados no osaríamos hacer frente a un reto poderoso.

Durante su mandato, en plena Guerra Fría, tuvo que enfrentarse a situaciones difíciles a causa de la proliferación de armamento nuclear. ¿Cómo se le presenta el reto que la República Islámica de Irán está lanzando a occidente?

A las naciones que se erijan en nuestro adversario, les hacemos un requerimiento: que ambas partes empecemos de nuevo la búsqueda de la paz, antes de que las negras fuerzas de la destrucción desencadenadas por la ciencia suman a la humanidad entera en su propia destrucción, deliberada o accidental. No les tentemos con la debilidad, porque sólo cuando nuestras armas sean suficientes sin lugar a dudas, podremos estar seguros de que no se utilizarán jamás. Pero tampoco es posible que dos grandes y poderosos grupos de naciones se sientan tranquilos en una situación como la presente, agobiadas por el costo de las armas modernas, justamente alarmados por la constante difusión del mortífero átomo, y compitiendo, no obstante, por alterar el precario equilibrio de terror que contiene la mano de la postrera guerra de la humanidad. Formulemos ambas partes, por primera vez, proposiciones serias y precisas para la inspección y el control de las armas, y para colocar bajo el dominio absoluto de todas las naciones el poder único para destruir a otras naciones.