Papeleras, el origen de la comedia
Por: Sergio Prieta

Kirchner, cruzó el Rio de la Plata en 2004 para manifestar su apoyo al Frente Amplio en las elecciones que coronaron finalmente a Tabaré Vázquez como presidente de Uruguay.
Por aquel entonces, el continente parecía adoptar los métodos de una izquierda que llegaba al poder, pero una vez más, como tantas otras, los análisis simplistas negaron la posibilidad de ver que detrás de las coincidencias del presidente argentino y el candidato uruguayo, se encontraban dos métodos distintos de hacer política.
K llevaba un año en el poder y desde el primer momento aseguró que gobernaría día a día, su gestión sería una especie de administración política con raíz en el proyecto futbolístico de Mostaza Merlo y su mentada frase “paso a paso”. Y no mintió.
En aquel entonces los argentinos y el gobierno mismo desconocían que en 2003, el congreso uruguayo había aprobado la radicación de las empresas BOTNIA y ENCE en la localidad de Fray Bentos. Ni siquiera la cancillería argentina, y menos Néstor Kirchner, tuvieron en cuenta a la hora de la visita a Vázquez el pacto que ambos países habían firmado años atrás sobre el Río Uruguay. Por el lado Oriental, Tabaré continuó con un proyecto nacido en la gestión de su antecesor, el siempre recordado, y no precisamente por haber impulsado la instalación de las papeleras, Batlle.
El conflicto del cual no surgen soluciones aparentes hasta el momento, tiene su raíz en dos métodos bien diferenciados de hacer política. Por un lado la improvisación y un método retro-progresista basado en discursos populistas, carente de conciencia y bases sólidas con las cuales construir. Del lado uruguayo la continuidad de políticas mas allá del presidente de turno.
El origen de la comedia, convertida en conflicto, está a la vista, y la única solución que hemos encontrado al asunto es tapar el bache con un parche humano que bloquea los puentes del entendimiento

Kirchner, cruzó el Rio de la Plata en 2004 para manifestar su apoyo al Frente Amplio en las elecciones que coronaron finalmente a Tabaré Vázquez como presidente de Uruguay.
Por aquel entonces, el continente parecía adoptar los métodos de una izquierda que llegaba al poder, pero una vez más, como tantas otras, los análisis simplistas negaron la posibilidad de ver que detrás de las coincidencias del presidente argentino y el candidato uruguayo, se encontraban dos métodos distintos de hacer política.
K llevaba un año en el poder y desde el primer momento aseguró que gobernaría día a día, su gestión sería una especie de administración política con raíz en el proyecto futbolístico de Mostaza Merlo y su mentada frase “paso a paso”. Y no mintió.
En aquel entonces los argentinos y el gobierno mismo desconocían que en 2003, el congreso uruguayo había aprobado la radicación de las empresas BOTNIA y ENCE en la localidad de Fray Bentos. Ni siquiera la cancillería argentina, y menos Néstor Kirchner, tuvieron en cuenta a la hora de la visita a Vázquez el pacto que ambos países habían firmado años atrás sobre el Río Uruguay. Por el lado Oriental, Tabaré continuó con un proyecto nacido en la gestión de su antecesor, el siempre recordado, y no precisamente por haber impulsado la instalación de las papeleras, Batlle.
El conflicto del cual no surgen soluciones aparentes hasta el momento, tiene su raíz en dos métodos bien diferenciados de hacer política. Por un lado la improvisación y un método retro-progresista basado en discursos populistas, carente de conciencia y bases sólidas con las cuales construir. Del lado uruguayo la continuidad de políticas mas allá del presidente de turno.
El origen de la comedia, convertida en conflicto, está a la vista, y la única solución que hemos encontrado al asunto es tapar el bache con un parche humano que bloquea los puentes del entendimiento

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