sábado, marzo 18, 2006

Raul Castells en la antesala del Oscar

Por: Miguel Angel Mantecón


Raúl Castells es un hombre de suerte. Esta semana ha logrado algo que a otros les llevó años de esfuerzo y grandes inversiones, sólo que a él no la ha costado un peso.
Si bien se trató de un regalo caído de cielo, como buen dirigente de la indigencia que es, no ha dejado escapar la oportunidad. Por cuatro meses, se subirá a un escenario donde buena parte del público serán turistas extranjeros.
Su ocasional mecenas no es alguien presionado con amenazas de ocuparle el negocio, ni escrachado por hambrientos y desocupados. Se trata de un empresario que, como tantos otros de Puerto Madero, posee su negocio con una habilitación discutida por la ocupación indebida del espacio público.
Con pícara ocurrencia les puso al líder piquetero debajo de las narices, en una de las zonas top de la ciudad. Ahí donde duele, donde la pobreza no existe durante buena parte del día, pero por las noches se hace presente para disputar los residuos de los más exclusivos restaurantes de Buenos Aires.
Totalmente alineados por el espanto, los empresarios gastronómicos anticipan a cuantos quieran escuchar, el pobre espectáculo que darán a los turistas que visiten la zona durante los próximos cuatro meses. Un prurito que no tuvieron días atrás frente a ricos turistas gays.
El gobierno, mira divertido hacia otro lado y siente lo sucedido como una trasgresión de esas que tanto le gustan. Cuando la obra baje de cartel, los problemas de ninguno de ellos habrán desaparecido; pero quedará un amargo convencimiento: a muchos argentinos lo que les provoca miedo no es ver pobreza. Lo que provoca miedo es ver pobres.