Treinta años no es nada

Por: Miguel Angel Mantecón
Jorge Rafael Videla casi no dio entrevistas desde que abandonó el poder o mejor dicho desde que el poder lo abandonó a él. Tampoco ejerció su derecho a la defensa durante el juicio a las Juntas de 1985. Hoy, casi como una sombra, transita cada tanto los pasillos de Comodoro Py para declarar en varias causas todavía abiertas. Nuestro cronista, tras darse a conocer, logró algunas declaraciones en un encuentro totalmente casual dentro de un ascensor de los tribunales federales.
P: ¿Se imaginó treinta años atrás, esta situación personal por la que atraviesa en el 2006?
R: “Mi situación personal no es importante si consideramos la forma en que se luchó para lograr los objetivos del Proceso de Reorganización Nacional. Estos eran: restituir los valores fundamentales para la conducción del Estado, erradicar la subversión que nos acosaba y promover el desarrollo económico. Desde ese punto de vista los objetivos casi se alcanzaron, tal vez la economía sea el punto más débil o que mereció haber tenido mejor suerte”.
P: ¿Aunque para alcanzar esos objetivos debieran avasallarse los derechos humanos?
R: “Hasta el nuncio apostólico Pío Laghi había dicho que en ciertas ocasiones el derecho debe respetarse hasta donde se pueda pues la autodefensa exige tomar determinadas actitudes.
Los políticos no habían logrado, durante todo 1975, encontrar una salida a los problemas económicos y muy especialmente a los de seguridad interior que nunca debieron haber sido abandonados por el Estado.
Para las Fuerzas Armadas, el respeto por los derechos humanos no nacía sólo del mandato de la ley ni de las declaraciones internacionales, sino que era la resultante de nuestra cristiana y profunda convicción acerca de la dignidad del hombre como valor fundamental.
Era la hora de la verdad”. El ascensor llegó a la planta baja y ya no quedaba tiempo para más preguntas. Las puertas se abrieron y el anciano, mucho menos erguido que en sus tristes años de gloria, avanzó hacia el estacionamiento flanqueado por dos incómodos custodios.
Para lograr una última respuesta apelé a su, aún vivo, orgullo militar.
-General –solté audazmente como si estuviéramos en 1976.
-¿Lo volvería a hacer?
Y volviéndose sobre sí mismo con recobrados bríos, me dijo: - “¿Y usted, que cree?”
Fuentes: Acta de Objetivos del Proceso de Reorganización Nacional.
Discurso inicial de J. R. Videla. 29/3/76
Declaraciones del nuncio apostólico al Diario la Nación, 27.06.76

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